La legendaria ola de frío siberiano de 1956 en España

La legendaria ola de frío siberiano de 1956 en España|Noticias

En Grupo Cofrico nos gusta el frío. Mucho. Somos una empresa de refrigeración y climatización, es nuestra vida, nuestra pasión. En todas sus formas, frío comercial o frío industrial, por absorción compresión, evaporativo… Bajar temperaturas, mantener niveles de calor de un cuerpo o un espacio, es lo que hacemos. Una tarea fundamental: gracias a la refrigeración de alimentos podemos prolongar la vida útil y disponibilidad de los mismos para consumo humano y animal, protegiéndonos de microorganismos patógenos y otros agentes. También vivimos más confortables. Resumiendo, el frío es como Busquets en el Barça, silencioso, a veces imperceptible cuando está, pero imposible sin él.

¿Cómo es realmente el frío siberiano?

En Grupo Cofrico hemos trabajado con todo tipo de regímenes de frío en nuestros 30 años de experiencia en refrigeración. Trabajar en la Península Ibérica supone adquirir un compromiso muy activo con la excelencia en cada proyecto proyectos, la media de temperaturas alta así lo exige. Aunque podemos encontrar en la Península clima atlántico, clima mediterráneo, subtropical o semiárido, la temperatura media el último año ha rondado los 17º, significativamente más alta que la de mayoría de países de la Unión Europea.

Esta media está condicionada por lo que los medios llaman una “ola de frío siberiano” y que periódicamente llega a la Península Ibérica. Por un lado tenemos el frío polar, que deja lluvia, nieve y temperaturas frías, y por otro el frío siberiano, que nos deja heladas, más frío que el polar y pocas precipitaciones. Normalmente el frío siberiano produce sensaciones térmicas más intensas por el viento que suele acarrear.

1956, el año en que España se congeló

En 1956 en España una ola de frío siberiano, procedente de una lengua de aire que se descolgó del Ártico y que marcó -32º la temperatura más baja en la Península Ibérica hasta la fecha. 1956 sigue siendo el año de referencia para meteorólogos. Aquella ola de frío siberiano duró treinta días y supuso una catástrofe absoluta para la agricultura del país: se perdieron millones de naranjos, olivos y frutales. Hielo colgando de tejados, heladas como no se habían visto hasta entonces, metros de nieve…eran imágenes recurrentes aquellos días en buena parte de la Península Ibérica. Y pasó algo que ni los más ancianos recordaban: el agua del mar se congelaba en las rocas.

La ropa tendida se congelaba por la intensidad del frío, el país se paralizó, las carreteras se congelaron y los aviones (aunque en aquellos años su repercusión  económica era mínima) se quedaron en tierra. En Barcelona las fuentes y estanques se congelaron durante días. Aquella mítica ola de frío sacudió no sólo a la Península, lo hizo a todo el continente, con una fuerza brutal que fue desde los -35º de San Petersburgo a los -20 de París, aislando regiones enteres por la nieve y congelando algunos de los ríos europeos más importantes, como el Loira.

Esta ola de frío siberiano supuso en su momento un impulso al cambio de modelo económico de la España de entonces, basado principalmente en la agricultura. Comenzaron entonces, a raíz del desastre, a ponerse unas bases industrializadoras, aunque era demasiado pronto, no siendo hasta la llegada de la democracia cuando el país mostró su verdadero potencial económico industrial e innovador.

Para saber más aquí.

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